La Visión Científica de la Contabilidad y las Procreaciones

La visión científica de la contabilidad y las procreaciones

Conoces el origen de la visión científica de la contabilidad y sus primeras concepciones? En este artículo quiero compartir contigo la etapa de la visión científica de la riqueza en la contabilidad y los fundamentos contextuales del conocimiento Contable.

Por lo tanto, comencemos: En la época cuando se desenvolvían los sistemas de escrituración durante unos 30.000 años de cultura humana, la contabilidad se limitaba esa gran percepción de los fenómenos de la riqueza, o sea, al saber qué aconteció, sin preocuparse de saber por qué aconteció.

Se ampliaba el dominio de producir una mejor memoria, como mejor información, tanto para los empresarios y los grandes propietarios, como para las familias reales y templos religiosos.

Tal posicionamiento empírico de periferia del conocimiento de la riqueza era compatible con las demás ramas del saber que igualmente se desenvolvían en la percepción, en el hálito de los acontecimientos, pero muy poco el conocimiento de la razón de ser de las relaciones que regían la producción del acontecimiento.

La visión por un conocimiento superior, de conocimiento de relaciones y de explicación de hechos, o sea un conocimiento científico, ocurría ya en la antigüedad clásica con Socrates, Aristoteles y Marco Tulio Cicerón.

Las élites intelectuales que realizaban el control y la escritura contable del poder público (En la Grecia antigua era un consejo donde los consejeros eran denominados apodectai), tenían competencia para razonamientos más elevados, pero todavía no se conoce nada escrito que pudiese llevar a la convicción de que la tuvieran.

El gran filósofo griego Aristóteles (Que vivió hace más de 2.300 años), en su obra La Política, fue el primero en resaltar la relación entre el comportamiento patrimonial y la felicidad del individuo, al afirmar que: “Aquellos ciudadanos cuyos haberes, cualesquiera sean ellos, son bien administrados, deben naturalmente vivir muy felices”.

El emérito pensador, da una importancia singular al estudio de la riqueza y hace observaciones peculiares sobre las funciones de los bienes. Por ejemplo: difiriendo la producción y el uso segundo de la especie, teniendo esas dos causas instrumentos que les sirven, deben tener la misma diferencia.

Admitió que un bien puede tener varias funciones o utilidades, según sus capacidades, limitándose, sin embargo a solo esas dos; escribe: "Toda propiedad tiene dos funciones particulares, diferentes entre sí: una propia y directa y otra que no lo es”.

Se habló de una “ciencia de acumular riqueza” y que tal conocimiento de generar riqueza, es específico y distinto de los demás. Distinguió la riqueza de aquello que la naturaleza ofrece o que el individuo adquiere para suplir las necesidades inmediatas, y distingue ciencia del patrimonio individual de la ciencia de la economía:

La ciencia diferente del comercio pequeño, que produce dinero en verdad. También aclara más aún: La ciencia de la economía, bien diferente del arte de adquirir, tiene un límite: porque el acto de la economía no es el mismo que el de la ciencia de enriquecer.

La visión científica conducía hacia un divisor de raciocinios, donde la ciencia de enriquecer era autónoma, no sea, aquella destinada al estado del “comportamiento de la riqueza en el sentido de la acumulación progresiva”.

Admite que esas ciencias son afines (Ciencia del patrimonio y ciencia de la riqueza social), pero que “los medios no son iguales para ambas” y añade: “Una y otra tienen, en verdad, el gozo de los mismos bienes pero por medios diferentes”.

Una cosa es el patrimonio de una persona o de una empresa y que podemos sentir, tocar, percibir bien y otra el patrimonio social del cual nos habla la economía como una abstracción, o sea, como si existiese aislado, pero en la práctica se mueve al sabor de cada individuo, cada empresa o institución.

Aristóteles no desarrolló una doctrina de visión científica del Patrimonio, pero afirmó que poseía las bases concretas de existencia; escribió que existen dos especies de ciencia de la riqueza, evidenciando que una cosa es el estudio social, de abstracción o hipótesis de una riqueza global, y otra la ciencia palpable de la riqueza individualizada (Del individuo, empresa o institución).

El interés por los fenómenos o acontecimientos de la riqueza patrimonial, como objeto de indagación racional y científica, sin duda esta comprobado en la Grecia antigua; las revoluciones económicas de los siglos VII y VI a. de C., en la Grecia anatólica, ofrecen materiales llenos de observaciones que inequívocamente, despertaron la conciencia de los grandes pensadores de la época.

La expansión griega, la creación de la Magna Grecia (Sur Italia y Sicilia) con grandes contrataciones de riqueza, forzaron una mayor atención de la inteligencias para tales objetos de estudio; era natural que la visión científica de la contabilidad, como ciencia del patrimonio.

En Roma también en la antigüedad clásica, Marco Tulio Cicerón presentó visiones científicas valiosas sobre la ciencia patrimonial, identificando las relaciones esenciales del fenómeno dentro de los parámetros semejante a la de los pensadores griegos referidos.

Antes de resaltar la necesidad del control patrimonial, Marco Porcio Catao (234-149 a. de C.), Marco Terenzio Varrone(116-27 a. de C.) y Cicerón (106-43 a. de C.) legaron una visión científica para analizar los fenómenos de la riqueza patrimonial.

Ellos establece la relación necesidad y capacidad, para dar a entender que la riqueza y el patrimonio son medios que llevan al hombre a satisfacer sus necesidades primarias y superfluas, y que el hombre no tiene límite en sus deseos y riqueza.

Como Aristóteles, todavía, entiende que el crecimiento del patrimonio exige que el individuo respete el derecho ajeno. Concibe el patrimonio natural como resultado del esfuerzo humano. propio o de terceros. Habla de un poder del hombre y de un poder de la riqueza, condenando al lucro como fin exclusivo o como venda de la conciencia cósmica.

Como Anti-Patrimonio condena la avaricia, la especulación y el desperdicio, señalándolos como males sociales. Condena el excesivo endeudamiento público y defiende la mesura presupuestaria, diciendo que un estado precisa tener fe.

Con esto consagra una relatividad de la necesidad, dentro de conceptos éticos de comportamiento patrimonial, yendo más allá de una ciencia enclaustrada solo en los bienes, excluidora de su dependencia ambiental, y predica una auténtica lógica patrimonial, o sea una filosofía contable.

No diferencia, pues la génesis y el curso del patrimonio de la virtud humana, subordinado todo a una virtud inequívoca jerarquía de valores y con eso localizándose en las doctrinas del ámbito social, ya en aquella época.

Lo que no puede negarse es que la antigüedad clásica (Grecia y Roma) haya sido cuna de una fortísima visión científica de la contabilidad, como materia que tiene por objeto de estudio el patrimonio haciendal (De empresa o instituciones).

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Te saluda,

Roger Perez – Excel Contablex

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